La villa romana de la Loma del Regadío

Por Sara Azuara Galve y Carolina Villargordo Ros
(MUSEO DE TERUEL)

I. Localización y contexto geográfico.

La villa romana de La Loma del Regadío se localiza en el sector norte del término de Urrea de Gaén, municipio de la comarca turolense del Bajo Martín, en el paraje conocido como El Regadío.
Su denominación obedece a la pequeña elevación que ocupa, una loma de unos 6.700 m2 y escasa significación en altura, muy acorde con las características del relieve del territorio en el que se integra. El Regadío corresponde a un área endorreica de escasa altitud, unos 280 m.s.n.m., que se extiende por la margen derecha de la depresión del Ebro, y más concretamente en el área de valle del río Martín, uno de sus afluentes. La zona está caracterizada por el predominio de suelos aluviales de gran productividad agrícola, aunque el alejamiento progresivo de los cursos de agua da paso a extensas llanuras semidesérticas.
Esta conjunción de suelos, semiáridos y aluviales, tradicionalmente ha propiciado el desarrollo de laboreos de secano y regadío, favorecidos en este caso por la presencia de unos recursos hídricos abundantes como las aguas procedentes del Martín, o las de una serie de barrancos que, desde las extensas llanuras septentrionales de Lécera, desembocan en El Regadío.
Todos estos factores, combinados con un clima de tipo mediterráneo, confieren a este territorio unas características privilegiadas para el desarrollo de actividades diversificadas ya en época antigua: desde la ganadería hasta la agricultura, tal vez en sus dos variantes, con los cultivos de secano propios de la tríada base mediterránea –cereal y en especial olivo y vid, de gran importancia en la villa-, o ya mas dudosamente, los cultivos de regadío.
También la red de comunicaciones terrestres y fluviales que caracterizaba el valle del Ebro en la antigüedad debió de ser un factor importante en la ubicación de esta villa, que precisaba de unas rutas de paso y circulación cercana para distribuir los excedentes agrícolas que como más adelante veremos era capaz de generar, y que sin duda revertieron en los mercados regionales del momento y en centros urbanos próximos como Caesaraugusta o Ilerda.
 

II. Descubrimiento y trabajos arqueológicos posteriores.

Las primeras referencias de la existencia de este yacimiento arqueológico se remontan al año 1954, aunque no fue hasta 1959 cuando se realiza la primera excavación en el lugar, motivada por el descubrimiento casual de un mosaico durante el acondicionamiento de un camino rural. El Museo Provincial de Teruel decidió en ese momento acometer su extracción y traslado a las dependencias de la institución para evitar su degradación. Estas labores sacaron a la luz un pavimento de grandes dimensiones, 25 m de longitud por x 3 m de ancho, que ocupaba un amplio espacio a modo de corredor o peristilo decorado también en sus paredes con estucos pintados con motivos geométricos y florales, y en torno al cual se apreciaban diversos accesos a otros ámbitos.
Posteriormente, tras un amplio periodo de inactividad, en 1997 el Museo Provincial de Teruel retoma de nuevo los trabajos en el yacimiento con campañas de excavación y restauración anuales de proyección continuada hasta la actualidad, bajo la dirección inicial de J. D. Vicente Redón y B. Ezquerra Lebrón y posteriormente S. Azuara Galve, B. Ezquerra Lebrón y C. Villargordo Ros en la vertiente arqueológica de la investigación, y P. Punter Gómez como directora de las actuaciones en materia de conservación y restauración. Resultado de estas intervenciones es el descubrimiento de la villa que conocemos actualmente, de unos 1.500 m2 edificados hasta la fecha, que se construye a finales del siglo III o primera mitad del IV d.C. y se abandona poco tiempo después, a inicios del siglo V. Sin embargo, algunas evidencias señalan que la ocupación antigua del lugar se remonta a tiempo antes, al menos al siglo I d.C., aunque por desgracia contamos con muy pocos datos relativos a estas primeras etapas de vigencia del yacimiento. La mayoría de las edificaciones conservadas son producto de una reforma integral y muy intensa encaminada a la creación de la vivienda que aún hoy puede contemplarse, y que arrasó casi por completo las construcciones previas existentes.
 

III. La villa de La Loma del Regadío: Una vivienda rural romana con una importante actividad agrícola.

Hasta el momento actual, la villa romana de La Loma del Regadío cuenta con un  total de 25 estancias excavadas que se distribuyen de acuerdo a la estructuración habitual de este tipo de enclaves: La pars urbana o área residencial, con una vivienda de gran envergadura decorada con pavimentos musivos y pinturas murales al gusto de las modas del momento, y con los que el propietario dejaba patente su elevada posición social y alto poder adquisitivo. Junto a estas estancias se extiende la pars rustica, un bloque de espacios muy específicos y cohesionados, vinculados a la transformación de los productos agrícolas obtenidos de la explotación del territorio bajo control y dominio de la villa: el fundus.
La Pars Urbana:
La zona residencial responde al modelo de articulación clásica de la domus de peristilo: un patio central diáfano, quizá ajardinado, rodeado de pórticos con columnas, y con un papel fundamental en la distribución y acceso a los restantes espacios de habitación de la vivienda, que se localizan todos en torno a él.
En este bloque de estancias, 10 en total, destacan especialmente aquellas de funcionalidad más certera y singular, y que a su vez cuentan con un mayor grado de suntuosidad y prestigio.
Es el ejemplo del peristilo, eje vertebrador de la vivienda y zona de paso obligado a propios y extraños, y como tal se dotó de un amplio despliegue ornamental, con pinturas murales de temas geométricos y florales y pavimentos musivos policromos con motivos también geométricos, que engalanaban el sector porticado.
Junto a él destaca igualmente el oecus o sala de recepción de carácter noble y ceremonial, decorada con estucos pintados en sus paredes y un nuevo mosaico policromo de motivos muy similares al del peristilo, aunque en este caso cuenta con una importante peculiaridad. Se elaboró con una composición en emblemata o emblema central, que alberga el único motivo figurado aparecido en La Loma del Regadío hasta el momento. Se trata de la representación de la lucha entre el héroe Belerofonte y la bestia Quimera, un tema mítico y acorde con las modas del momento en las que primaba la elección de estas representaciones que, al tiempo que exaltaban la virtus del propietario, se convertían en símbolos de su status social como clase privilegiada.
 
Fig. 1.
Por ultimo sólo restaría hablar de una habitación más, que además de aportar el mayor lote de evidencias de pintura mural de la villa, es el único espacio dotado de un sistema de calefacción o hypocaustum, con una serie de zanjas intercomunicadas y excavadas bajo el suelo de la habitación por las que se distribuía aire caliente procedente de un horno anexo.
La Pars rustica:
La pars rústica de La Loma del Regadío es uno de los ejemplos más representativos del carácter productivo de las villas en época antigua, como amplias residencias rurales romanas y, a su vez, grandes centros de explotación agropecuaria. Buena cuenta de ello dan las complejas instalaciones de que se dotaba este sector del yacimiento, muy específicas en cuanto a las actividades para las que fueron diseñadas y puestas en uso. Estaban destinadas a la obtención de aceite y vino, y se repartían por un total de 8 de los espacios descubiertos hasta el momento en el sector, configurando un amplio pabellón de prensado o torcularium rectangular adosado perpendicularmente a la zona residencial.
 
Fig. 2.
En su interior se han detectado los restos del conjunto de dispositivos necesarios para el procesamiento de la oliva y la uva, con cinco grandes prensas y sus correspondientes depósitos de captación de la prensada; dos molinos o molae oleariae para machacar la oliva; y otros dos depósitos más, cuya capacidad conjunta alcanza los 17.845,2 litros.
Las prensas documentadas responden al tipo de palanca, máquina que constaba de una gran viga de madera o prelum sujeta en uno de sus extremos y contrapesada en el contrario por una gran piedra que iba descendiendo de manera gradual gracias a un torno (sucula) o a un gran tornillo vertical (coclea).
 
Fig. 3.
En la zona de prensado propiamente dicha se situaban las fiscinae, nasas de cestería que contenían los frutos que, en el caso de las olivas eran aplastadas previamente en las molae oleariae, o bien directamente si se trataba de uvas. Por último, el producto final, aceite o vino, era recogido en los depósitos por medio de pequeños canales.

 

IV. Musealización y difusión de La Loma del Regadío.

Recientemente La Loma del Regadío ha sido objeto de un proyecto museográfico a iniciativa y promoción del Museo de Teruel, Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Urrea de Gaén, y con la financiación del Ministerio de Fomento, inaugurado el 19 de junio de 2012. Entre sus muchos contenidos, fruto de las intervenciones realizadas por el Museo de Teruel tras 15 años de investigación, restauración y conservación en el yacimiento, se pueden descubrir hoy nuevamente algunos de estos elementos que formaban parte del devenir cotidiano de los habitantes de la villa, reconstruidos en sus emplazamientos originales para dar una sensación exacta de sus dimensiones e importancia.

Fig. 1. Vista general del pasillo porticado del peristilo y el oecus (al fondo de la imagen), después del acondicionamiento museográfico de La Loma del Regadío.

Fig. 2. Vista general del pabellón de prensado o torcularium,
después del acondicionamiento museográfico de La Loma del Regadío.

Fig. 3. Detalle de la prensa reconstruida a tamaño real y en su emplazamiento original
dentro del torcularium, después del acondicionamiento
museográfico de La Loma del Regadío.

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